Relatos escritos por Lalucira
Volver al pueblo es como visitar un monumento a la pérdida. Cada vez que vuelves, falta algo más.
En mi infancia, recuerdo haber visto una iglesia solitaria, acompañada solamente por las ovejas que moteaban las praderas de alrededor.
La iridiscencia amarilla del sol permeaba sobre la escena urbana en una tarde ambarina como cualquier otra de verano.
Sobre el fulgor de las vetas del suelo de madera, con sus surcos llenos de cera titilando al son de una vela, como la respiración revuelta de una casa vieja y consternada por el velatorio de las arañas de la alacena, se encontraba fijada la mirada perdida de Jara.